La Cumbre del Milenio de Naciones Unidas.
Jose Manuel Aguilar de Ben.
Naciones Unidas reúne hoy, en Nueva York, la mayor concentración de jefes de Estado y de Gobierno y de líderes parlamentarios, religiosos, empresariales y de la sociedad civil, de todos los tiempos, en la Cumbre del Milenio previa a la Asamblea General dedicada al milenio.Ni el Congreso de Viena en 1815, ni Versalles en 1919 tras la Primera Guerra Mundial, ni San Francisco en la firma de la Carta de Naciones Unidas en 1945, ni Río en la Cumbre de la Tierra de 1992, habían reunido a tantos líderes de todo el mundo.
Qué podemos esperar los ciudadanos de los estados miembros de Naciones Unidas de este acontecimiento, aparte de constatar la celebración de 2000 años del calendario romano cristiano y 55 de la organización? Pues sin duda, que además de analizar los desafíos globales para el siglo XXI, y de ratificar tratados y convenciones internacionales pendientes, se tomen iniciativas para la globalización de la solidaridad, el mantenimiento de la paz, profundización del desarrollo sostenible y la democracia global, además de reforzar el sistema internacional de Naciones Unidas.
No sabemos si los líderes nacionales estarán a la altura internacional que la ocasión les exige, pero propuestas no faltan. El Informe para la Asamblea del Milenio del secretario general de Naciones Unidas contiene una larga lista de proposiciones para la consideración de los participantes. La Declaración del Foro del Milenio de la Sociedad Civil de mayo de 2000, preparatoria de esta Cumbre, también contiene propuestas y recomendaciones en el ámbito económico y social, medioambiental, de paz y desarme, de derechos humanos y ciudadanos, de democracia participativa y de reforzamiento de Naciones Unidas.
Cuentan además los líderes nacionales con las conclusiones y recomendaciones de las Conferencias Mundiales de Naciones Unidas de la última década, incluidas las más recientes de Pekín, más cinco en Nueva York sobre la mujer, y de Copenague, más cinco en Ginebra sobre desarrollo social, así como los recientes informes sobre desarrollo humano del PNUD, los informes de otras agencias especializadas de Naciones Unidas, incluidos los de la OIT, la FAO, el FMI y el Banco Mundial. Los líderes de los países industrializados tienen además sus conclusiones de las reuniones del G-8, y los de los países en desarrollo, las del grupo de los 77.
Quizás la ocasión permita avanzar en la ratificación del Tribunal Penal Internacional, en propuestas más firmes para la erradicación de la pobreza, en el fomento de la educación y diseminar las tecnologías de la información para reducir la división digital, disminuir los desequilibrios Norte-Sur, acelerar el desarme mundial, reducir conflictos religiosos y étnicos, adelantar medidas de conservación medioambiental y de biodiversidad y salubridad, fomentar la variedad cultural, así como elevar las cotas de aplicación y respeto de los derechos humanos.
Sin embargo, y como viene siendo más patente desde Seattle en la Conferencia de la OMC, el sistema internacional tiene una grave carencia democrática. No se trata sólo de consolidar democracias, de democratizar dictaduras con democracias más o menos formales, a niveles nacionales, se trata de acercar un sistema global democrático que legitime las iniciativas globales y permita iniciar acciones concertadas mundiales. Una de las decisiones que esta Cumbre del Milenio de Jefes de Estado y de Gobierno de Estados Miembros de las Naciones Unidas podría tomar es la de iniciar el proceso de constitución de un Parlamento de Naciones Unidas como Segunda Asamblea, a partir de algunas de las iniciativas ciudadanas existentes, como la Asamblea Global de los Pueblos, nacida el pasado año en la Conferencia Internacional de la Paz de La Haya, o la del Comité de Acción por un Parlamento Mundial.
En el mundo globalizado en el que vamos a vivir en el siglo XXI necesitamos, los ciudadanos, la sociedad civil, los actores políticos, económicos y sociales, locales, nacionales y multinacionales, una representación democrática global. Los sujetos del derecho internacional en el siglo XXI no son sólo los Estados, como en el siglo XIX y XX, sino las instituciones, organizaciones no gubernamentales que realizan determinadas misiones, y los individuos, los ciudadanos, las personas. Así lo recoge además el primer párrafo de la Carta de Naciones Unidas, Nosotros los pueblos, la gente, los ciudadanos en cuyo nombre la firmaron los representantes de los Estados miembros.
Si los líderes de los gobiernos nacionales de los Estados miembros de Naciones Unidas no asumen este gran desafío democrático global, en la era de Internet la sociedad civil tendrá que asumir el reto, como cuando históricamente los ciudadanos crearon sus parlamentos nacionales y regionales, frente al monopolio de los absolutismos monárquicos. En Europa tenemos además el precedente de la constitución europea del último medio siglo, y que pese a sus muchas carencias e impasses actuales está constituyendo un experimento integrador sin precedentes, y que está sentando las bases de una nueva identidad europea. El modelo de integración europea es extrapolable a nivel global y a ello deberíamos dedicar nuestros mejores esfuerzos junto a nuestros aliados y competidores de Norteamérica.
Los ciudadanos de los Estados miembros de Naciones Unidas, y en nuestro caso también de la Unión Europea, que quieren democracias más participativas, tienen ante sí un nuevo reto: construir un sistema democrático global para mejor encauzar y resolver los desafíos globales que tiene el hombre y la tierra.
*Miembro del Consejo de la Asamblea Global de los Pueblos y presidente del Instituto Norte-Sur