EL ESTADO DE NACIÓN EN EL MUNDO
José Manuel Aguilar de Ben
15.07.02
Se Concluida la reunión del G-8 en Canadá , tras la Cumbre de Sevilla y la huelga general y traspasada la presidencia del Consejo la UE de España a Dinamarca, con el Gobierno remodelado, es hora de evaluar, no solo los resultados que ha obtenido España durante la presidencia de la UE, como se ha hecho en el Parlamento Europeo de Estrasburgo y como se hace en el Debate sobre el Estado de la Nación en el Congreso de los Diputados, y en diferentes medios, sino también de analizar dónde ha quedado España en la UE, en el G-8, y ante el resto del mundo tras la intensa actividad internacional del pasado semestre. Así como revisar la contribución española al debate sobre el estado del mundo y de la globalización, que se realiza en los foros internacionales de Naciones Unidas y de la sociedad civil mundial.
Una primera conclusión es que la presidencia española de la UE, no ha servido para disminuir la conflictividad bilateral con Marruecos, ni resolver el contencioso bilateral y europeo de Gibraltar.
En segundo lugar, no ha conseguido situar a España y a la UE, en mejores posiciones que estaba antes de la presidencia, hace seis meses.
La tercera es que concluida la tan esperada presidencia española de la UE, y el reciente ajuste ministerial y madrileño, se puede afirmar que el estado de la nación en el mundo está aún en un proceso de nation building, como para poder tener un liderazgo político internacional en el G-8.
Ha habido durante el pasado semestre eso si, mucho trabajo y muchas ambiciones, y el primer gobierno de derechas español elegido democráticamente que ha presidido el Consejo Europeo de la Unión, apoyado por la administración española, y de la Comisión Europea, ha sabido moverse con claros parámetros europeos. Otra cosa han sido los escasos resultados, algo que también ha ocurrido durante la presidencia de otros estados miembros. Los éxitos en la comunitarización de la política migratoria, cooperación antiterrorista, participación en la reestructuración de la OTAN, la ratificación de Kioto y del TPI y el seguimiento de las negociaciones para la ampliación, ya se esta encargando el Gobierno de divulgarlos. La ordenada implantación del euro en la eurozona durante el semestre pasado, no es imputable a la acción de la presidencia española de la UE y del Ecofin en particular, sino al BCE, al sistema de bancos centrales europeos, a la Comisión, a la banca privada y al usuario. Aunque la firmeza en mantener los pactos de estabilidad,que también apoya el FMI si ha contribuido a que el euro haya superado la paridad del dólar.
Por el contra ¿ dónde se ha quedado muy corta la actuación de la presidencia española de la UE ?:
1. En avanzar en el proceso de Lisboa de la Europa social
2. En la contribución europea a la cumbre de Monterrey sobre financiación del desarrollo, a la cumbre sobre el hambre de la FAO en Roma, el plan Napad para África y en la preparación de la próxima cumbre de Joburg, Rio+10 sobre desarrollo sostenible. La presidencia española ha asumido el trabajo de la Comisión Europea, sin ninguna aportación propia.
3. En la contribución española al futuro de Europa, con la escasa atención y definición de su posición en la Convención europea
4. Con la falta de visión y de liderazgo de la política exterior común europea
5. Con la presencia de oficio en el G-8 no aprovechado para promover una iniciativa propia que no fuese sumarse a la ya elaborada por otros para África
6. Con el sometimiento puro y llano a los intereses de EE.UU. en la península ibérica, hacia el norte de África, hacia oriente medio y hacia América Latina, solo explicable por venir de donde viene en el pasado el partido en el gobierno de España, y
7. En su casi inexistente diálogo con la sociedad española, a través de las organizaciones de la sociedad civil, que no fuesen instituciones muy vinculadas al partido del gobierno.
La Cumbre del G-8 en Kananaskis este año, días antes de la entrada en funcionamiento de la Corte Penal Internacional, merece atención porque EE.UU. ha evidenciado su distanciamiento de una concepción de interdependencia global entre las naciones y entre los pueblos. En medio una estrategia de guerra contra el terrorismo transnacional difícil de avaluar aún, de un importante número de escándalos de corporaciones americanas y de unas iniciativas de política económica proteccionistas contra el resto del mundo, la administración de EE.UU. está mostrando su lado mas unilateralista," insularista" y a la vez imperialista. EE.UU. ya no lidera el G-8. Nadie la hace. No hay "primus inter pares". Quizás debería desaparecer y reconvertirse en un organismo internacional democrático, pero la UE no ha tomado la iniciativa, y España difícilmente hubiera podido proponerlo.
España ha estado en el G-8 como presidencia de la UE, no por su peso internacional propio, y aunque sea la octava economía del mundo, - aún estaría por detrás de California si este estado del oeste americano fuese independiente-, no debería seguir siendo una aspiración diplomática española ser miembro del G-8. El objetivo de cualquier gobierno debería ser, que la profundización de la democracia y el desarrollo sostenible pusieran a España en una posición ineludible para los miembros actuales del G-8.
Un país con la corta historia democrática reciente de España, con las secuelas de una larga dictadura aún bien presentes en todos los estamentos estatales y religiosos , con bases militares extranjeras no reciprocas en su territorio, con ayudas europeas de fondos de cohesión y estructurales, con poca I+D y escaso desarrollo de nuevas tecnologías, con bajos rendimientos escolares y universitarios, con una economía en el que repunta la inflacción y persiste una alta tasa de paro y cuyos datos macroeconómicos no reflejan su creciente grado de extranjerización, unas privatizaciones y dudosas practicas empresariales a la sombra del Gobierno, - solo concebible por la ignorancia de la oposición política sobre el funcionamiento del capitalismo sui generis español hecho a la sombra de la dictadura y reconstituido en los últimos años -, y con un sistema político en su conjunto aún no estructurado plenamente, es sencillamente irrealista que se quisiera ser un estado primogénito en la mesa de los mayores.
En realidad tanto por las estadísticas como por los lideres, el Reino no es un estado de primera división, para los estados miembros del G-8, entre los de la ONU - incluso con un sitio en el próximo Consejo de Seguridad-, entre los de la OTAN, de la OCDE y de la UE, aunque cueste reconocerlo.
¿Dónde está España ante el resto del mundo? ¿ Que se hace por el continente africano ahora que se acaba de crear su propia Unión Africana? ¿ Cual es la naturaleza de las relaciones con las repúblicas iberoamericanas que se independizaron de la Corona? ¿ Lo que se dice en las cumbres iberoamericanas? ¿Hemos descubierto China nosotros , o nos ha descubierto China a nosotros? ¿ Se puede hacer lago para disminuir la tensión nuclear entre la India y Pakistán?¿Qué es el Reino para la India? ¿ Otro país europeo donde los marajás aún ocupan hereditariamente la jefatura del estado? ¿ Cual es la contribución al sudeste asiático? Hoy ni siquiera en Filipinas tenemos presencia destacable. ¿ Es nuestra democracia ejemplar, lo es nuestra justicia o nuestra inventiva? Un país receptor masivo de turismo e inmigración, pero también de comercio ilícito y de pateras, que hacen del Estrecho una frontera tan vergonzosa como la de Río Grande entre México y EE.UU.
Las señas de identidad españolas siguen siendo muy difusas. No tenemos una fiesta patria verdaderamente común para todo el país, casi cada autonomía celebra lo suyo, y con fiesta colectivas mas de carácter religioso que patrio. La nación no puede vivir del legado histórico que en los últimos 200 años deja mucho que desear. Ni la recuperación de los últimos años es tan significativas comparada con la de otras naciones europeas que quedaron destruidas tras la II guerra mundial. La acción exterior española contemporánea no es digna de ningún orgullo nacional general, ni con la constante presencia exterior de la Corona. El terrorismo ha terminado no solo por dar identidad exterior a España, sino que se ha sido situado en el factor determinante de las mayorías absolutas parlamentarias, aunque no sea España el único país con terrorismo separatista.¿ Esta secuestrada la política nacional por la diatribas entre los vasco-españoles que controlan el partido del gobierno en Madrid y los vascos de Euskadi?¿ Es buena política económica exterior acudir in extremis en socorro de Argentina y de los intereses corporativos españolas allí, en lugar de promover la cooperación y la ayuda del 0´7% del PIB para todos los países en desarrollo?
Todo ello sigue siendo consecuencia del lastre que los herederos de la dictadura siguen imprimiendo a la España actual. Para algunos, la nación es como el yo ortegiano, ella y su circunstancia. La circunstancia actual de la nación es un proceso abierto en nuestra unidad europea. Pero los liberales, ecologistas y otras identidades políticas progresistas, que no han sido ni de escuela falangista, ni socialista, carecen de representatividad política sustancial para enlazar la España que se rompió un 18 de julio hace ahora 66 años con la España de principios del siglo XXI, y para poder construir un país multirracial de primera, que es el soñado por muchos, se venga de donde se venga. España esta aún en un proceso de construcción nacional - nation building-, no solo en la estructuración estado autonómico, sino en otros proceso institucionales incompletos como la reforma del Senado y de la Constitución.
Si hace 20 años, España necesitaba una alternativa, un cambio, para que la democracia fuese creíble, y se eliminase el fantasma del golpismo, hoy, como dentro de un año y de dos y el resto de esta década lo que España necesita no es solo una renovación municipal, autonómica y una alternancia en el gobierno, si tal fuese el caso, sino algo más profundo, un cambio constituyente. Un cambio constituyente, que los políticos del posfranquismo de los últimos 25 años están impidiendo, y que sin embargo eso sí que sería una seña de identidad de España para nuevas generaciones de ciudadanos españoles europeos y para el resto del mundo.