EL WATERGATE Y SU TIEMPO
José Manuel Aguilar de Ben
24.06.02
El escándalo del Watergate en Washington, de cuyo inicio se han cumplido ahora 30 años, tiene para el periodismo un cierto halo. Un par de periodistas, Bob Woodward y Carl Bernstein, este último periodista deportivo , consiguieron destapar un escándalo de espionaje político, que terminaría con la presidencia de Richard Nixon. EE.UU. después de todo es una democracia articulada, y ni Nixon entonces, ni hoy W. Bush pueden hacer impunemente todo lo que quieran, como es mas frecuente que pase en algunos de nuestros estados europeos.
En realidad aquel episodio,- la irrupción de unos individuos en la sede del partido demócrata-, pareció menor, en medio del enrarecido clima de Washington y del resto del país, con la reelección de Nixon contra McGovern en 1972. La guerra de Vietnam, la contestación juvenil de mi generación, la crisis del petróleo, por el chantaje de las petromonarquías del golfo, la crisis del dólar y de su convertibilidad, que llevó al fin del sistema de tipos de cambios fijos de las monedas que había existido regulado por el Fondo Monetario Internacional desde Bretton Woods, el apoyo de Kissinger a la conspiración contra Allende en Chile, la apertura de negociaciones con la China de Mao, sin dejar de apoyar a Taiwan. Aquel clima, ayudó a perseverar a aquellos dos periodistas novatos en Washington, con el apoyo de su redactor jefe, Ben Bradlee del Washington Post y de la editora Graham, y apuntar un gran tanto para la libertad de prensa, se llegue a donde se llegue. También demostró la vulnerabilidad y la fortaleza de la democracia liberal.
Aún hoy se especula acerca de quién fue garganta profunda, que denunciara la trama desde la Casa Blanca . Dean, ha publicado los posibles nombres sin despejar las dudas. Una reciente investigación de jóvenes periodistas de Chicago ha señalado a Buchanan. Otros, creen que fue una ficción periodística, para tirar del hilo. Woodward y Bernstein mantienen su negativa revelar la fuente. Pero vista la posterior aventura política de Buchanan, encaja que hubiese podido ser este personaje. En cualquier caso, como tantas otras veces para quien promueve oscuras maniobras parece que el peor enemigo estaba en casa. Quizás a W. Bush le puede estar pasando lo mismo.
Como residente que era yo entonces del edificio contiguo al Watergate detrás del Kennedy Centre, y economista de Naciones Unidas en el FMI, a dos cuadras de la Casa Blanca, además de lecturer en la George Washington University en la misma área, el escándalo Watergate terminó apasionándome tanto como la protesta anti-Vietnam, los conciertos de Rock al aire libre y la incipiente era cibernética. Pero fue sin duda el comité de investigación del Senado, retransmitido en directo en televisión, lo que mas reafirmó mis principios democráticos. Fue una gran lección de democracia.
En España no ha habido aún nada parecido. En el régimen de la dictadura y con la coartada de la sucesión, " no pasaba nada" , " todo iba bien" y no había escándalos que no fueran los que el propio régimen quería destapar, como el caso de la Barcelona Traction. Con la monarquía parlamentaria tampoco, y no será porque tanto los gobiernos del PSOE, como del PP no han dado motivos para comités de investigación parlamentarios, pero ni siquiera los procesos del 23-F, tuvieron la claridad y las consecuencias, que tuvo el proceso para el impeachment del presidente del Ejecutivo por el Senado de EE.UU.
El intento en la prensa, del director de El Mundo, de aplicar en España lo que aprendió del Washington Post, para desbancar del gobierno a Felipe González, al hacerlo sin imparcialidad, apoyando y siendo portavoz del siguiente gobierno, al que ahora no aplica los mismos criterios, no le acredita como miembro de la escuela de Ben Bradlee. Y si Woodward ha hecho escuela en España, sus alumnos no han hecho aún una contribución tan significativa para la libertad y la democracia. Tampoco contarían con el apoyo de una división de poderes institucionales y un civismo democrático tan desarrollado.
En la Europa comunitaria de entonces, con la incorporación del Reino Unido, se intentaba una mejor coordinación institucional que llevaría luego a la formación de los Consejo Europeos, promovidos por Giscard, - el último de los cuales acaba de concluir en Sevilla -, y la creación de una zona de estabilidad monetaria europea. En la Comisión Europea y en el Departamento Europeo del FMI, a uno y otro lado del Atlántico, ya se diseñaba la futura moneda única europea, que luego sería el euro. Y Bruselas estaba aún muy lejos de aquella España de la dictadura y la sucesión, hoy superada.
Hace 30 años mientras que Washington se sumergía en el Watergate, y el dólar se depreciaba y el déficit se disparaba, tras los acuerdos del Smithsonian Institution, en la costa oeste, en California, en Stanford, en los garajes de Palo Alto, nacía el Syllicon Valley y la era digital. Aquello también era América.
Hoy, tras el 11 de septiembre y 30 años después de Watergate, en Washington también hay un clima enrarecido. Pero además desde el punto de vista de la libertad de expresión, que es garantía para el funcionamiento de una democracia abierta, la desinformación orquestada desde instancias gubernamentales, puede ser tan peligrosa, como la propia inseguridad generada por el temor de ataques terroristas. Desde luego entre el Washington de los Clinton y sus pecadillos y el de W. Bush y sus blindajes y fortificaciones, era mejor el de Clinton, con una economía saneada y su visión de la interdependencia global. Pero mientras al tenebroso Nixon se le pudo parar, aún no sabemos hacia donde va, o le llevan a W. Bush, con la larga estrategia de guerra que le marca el Pentágono y una economía que a pesar del gasto militar y los subsidios no se recupera, con un debilitado dólar por el déficit comercial exterior.
Pero ahora como entonces, desde la costa oeste, la sociedad civil americana se está movilizando, y mas civilizadamente que lo hiciera en Seattle. Y en la capital, también el Senado. América volverá a tener tiempos mejores.