LA BATALLA DE BARCELONA

12.3.02

José Manuel Aguilar de Ben*

La primera gran prueba de la presidencia española de la UE, de este semestre, la va tener el Gobierno esta semana en la Cumbre Europea de Barcelona.

Una prueba triple, en el Consejo Europeo, con el anfitrión catalán y con la contestación ciudadana. En el Consejo Europeo, para conseguir que esta primera gran cita institucional de la Unión desde la puesta en circulación del Euro y el inicio de la Convención, produzca los resultados que evidencien que el proceso iniciado en la Cumbre de Lisboa marcando los objetivos para el 2010, sigue en marcha. Con el anfitrión catalán, para ver si el Gobierno va saber dar a cada cual lo que le corresponde, o no. Y con la contestación, se va a constatar si el Gobierno de España en sus funciones de la presidencia de la Unión, sabe o no, tener modos civilizados europeos en sus relaciones con representantes de la sociedad civil europea y con la ciudadanía participante.

No será una prueba a nivel internacional, por que pese a cumplirse ahora seis meses del 11 de septiembre, la presidencia de la UE, poco parece tener que decir sobre los importantes cambios estratégicos internacionales que se están desarrollando, con Europa como comparsa. Podría ocurrir que la Administración de EE.UU. con sus recientes iniciativas nucleares y comerciales internacionales, robe a la presidencia de la UE, la agenda de esta cita en Barcelona.

En el Consejo Europeo sobre políticas económicas se enfrentan las posiciones de las dos formaciones políticas preeminentes. La representada por España e Italia a la que se suma la del Gobierno laborista británico, que apuesta por las reformas estructurales pendientes con las liberalizaciones en el sector energético de cerca del 60% del mercado eléctrico y del gas, ya analizadas en la Cumbre de Estocolmo, para hacer frente a los desafíos de la competencia global, facilitar las alianzas empresariales inter-europeas y preparar la ampliación de la Unión, con mayor flexibilidad laboral y un mercado único para los servicios financieros, que completen el mercado interior y la moneda única. Y, la posición socialista, encabezada por el eje franco-alemán, ambos en año electoral, que quieren la consolidación de la Europa social, y más políticas activas de empleo y movilidad, pero que también resisten abrir más los mercados nacionales a la competencia, queriendo mantener el intervensionismo estatal, es decir gubernamental, para no reducir los subsidios a sectores protegidos, en la energía y transportes, y muy en particular a la agricultura, pendiente de la reforma de la PAC.

Mal se encuentra la presidencia española para arbitrar el consenso, al estar tan escorado el Gobierno hacia la primera opción. Por eso en el Consejo de Barcelona no debería primar lo político sino lo económico, en aras de lograr un consenso que permitiese no defraudar las expectativas que desde hace meses, se ha puesto en la Cumbre de Barcelona, para avanzar en las reformas estructurales, y en los objetivos sociales y calendario acordados en la Cumbre de Lisboa. ¿ No es posible liberalizar el sector energético y desregularizar otros, y avanzar en políticas sociales al mismo tiempo? Quizás no, mirando realisticamente el mapa político europeo, italo-español por un lado y franco-alemán por otro.

Para los liberales si es posible y deseable. Depende del peso que tengan en el Consejo Europeo los miembros liberales de la troika comunitaria, belgas y daneses , y la presidencia de la Comisión y del Parlamento Europeo, para alcanzar ese deseable consenso. Consenso por el que también apuesta el socialista francés y comisario europeo Lamy. La Carta de la Comisión a los Gobiernos previa al Consejo Europeo, va en ese sentido, preconizando el impulso a las políticas activas de empleo, y protección de los trabajadores frente a las reestructuraciones empresariales, y al mismo tiempo liberalizaciones energéticas y reforma de los sectores de redes e infraestructuras clave.

Y como cada Consejo Europeo es un mundo, también queda por ver si al final se debatirán y acordarán directrices sobre las estrategias europeas de desarrollo sostenible, que a la postre deberían conjugar liberalizaciones y reformas con los objetivos sociales pendientes, para tener sociedades mas equilibradas y estructuras mas sostenibles.

La Cumbre también considerará las propuestas de la Secretaria General del Consejo, para reformar el funcionamiento del Consejo Europeo, su método de trabajo y su rotación semestral. Los agendas y los Consejos Europeos deberían ser preparados por un Consejo de Asuntos Generales, que no fuese solamente de los ministros de exteriores. Quizás alguien recuerde al Consejo, la vieja idea de Delors, de que cada gobierno nacional de la UE, nombrase un Vicepresidente para Asuntos Comunitarios Europeos, y que los 15 vicepresidentes constituyesen el Consejo de Asuntos Generales de la Unión, previo a las cumbres. Además estos vicepresidentes de los gobiernos nacionales, podrían descargar a los comisarios europeos, de la defensa de los intereses nacionales en las instituciones comunitarias europeas.

Con el anfitrión regional, el Gobierno va a poder constatar esta semana en presencia de todos los gobiernos de la Unión, cuan realista es, o no, la posición del actual gobierno autónomo de Cataluña, de querer asumir todas las competencias y representación del Estado ( y del Reino ) en Cataluña, además de formar parte de la representación del Estado en la UE. La segunda es mas viable, y quizás necesaria. Pero la primera es irrealista e insolidaria con el resto de las Comunidades Autónomas.¿ Podría Cataluña tener todas las competencias y representación del Estado en Cataluña, y no la Comunidad de Madrid, Andalucía, Baleares, Euskadi, o Galicia en sus respectivas comunidades? Es irrealista porque esa aspiración catalana, extendida a todo el país, equivaldría en último termino reducir al Gobierno de España a la tarea de reinar en lugar de la de gobernar como corresponde.¡ Que bonito es soñar España desde Cataluña! Los catalanes que ya empezaron a romper la II República Española queriendo proclamar una República de Catalunya hace 66 años, parecen querer empezar a romper al final de este Reinado, el consenso con que nació, queriendo suplantar al Estado en esa comunidad autónoma. El principal error de los constituyentes del 78, fue dar cabida en el parlamento nacional a los partidos regionales, cuando solo deberían estarlo los partidos con implantación en todas las circunscripciones provinciales del Estado. Pero, quizás, como con la reforma constitucional para el Senado que se quiere desde el ejecutivo gallego, el Gobierno deje, si puede, para después de la presidencia europea, el tratar del autonomismo estatalista que plantea el ejecutivo catalán.

También va a estar a prueba la Presidencia del Consejo Europeo con los euromanifestantes por la globalización alternativa, los de las confederaciones sindicales, los de la anti-globalización anti-democrática y los de la normal movilización juvenil generacional, que se dan cita esta semana también en Barcelona , para que esta no sea menos que Génova. El Gobierno solo ha preparado la respuesta de la represión y ha hecho caso omiso a la prevención. Y como se sabe por experiencias anteriores, la represión policial se puede desbordar fácilmente. El ejemplo de la presidencia europea belga anterior, que estimulo un debate público de la sociedad civil durante la Cumbre de Laeken y posiblemente evitó la violencia callejera y facilitó la civilidad, debería no solo haberse repetido como va a ser el caso en Barcelona sino ampliado en un congreso con representantes de todos las instituciones europeas, incluidos los europarlamentarios que brillan por su ausencia en sus circunscripciones electorales, y los miembros de todas organizaciones de la sociedad civil participantes. Menos mal que el Gobierno tiene a la oposición socialista, para legitirmarse democráticamente y para responsabilizarla de todo lo que no va bien en España.

Barcelona esta semana es la próxima batalla en la construcción de nuestra Europa.

* Presidente del Instituto Norte Sur y miembro del Consejo Mundial de la Asamblea Global de los Pueblos

 

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